Creci con la leyenda

Crecí en la leyenda

En el mundo hay leyendas y mitos, no intento hacer un compendio de lo que son una cosa y la otra, es algo que pertenece a la cultura popular.
Las leyendas eran de transmisión oral, generación en generación de lenguas y sentires, pesares y explicaciones sinceras sin razón, pero con necesidades que se palpan. Una de ellas es la necesidad de dar una explicación racional desde lo mas humano que tenemos, nuestros sentimientos.
Los mitos eran lo mismo pero su necesidad se explica como una metáfora de lo que queremos ser desde nuestras cualidades.
Hoy las leyendas son urbanas, mitos de cosas que por lo general dan miedo, en donde no hay sentimientos, no hay pesares, solo el profundo miedo, en estas no hay explicaciones… de todas las leyendas urbanas conocida resalta una que roza lo místico, lo irracional, el estupor que sentimos frente a nuestros miedos, una que hace que entre como cuña entre lo fantástico y el pánico mas profundo entre nosotros, simples humanos.
Se cuenta que empezó todo con un niño, no diremos nombres, por que los nombres estigmatizan a todos los que llevan el mismo nombre, una especie de mito como el del séptimo hijo varón…
El turno mañana en una escuela cualquiera, de un pueblo como cualquier otro, bajo la mirada del Dios que de todos se apiada, que extiende misericordia a todos … Pero ese día era una excepción a todos los demás días.
Lo que no era una excepción fue otro “incompleto” en la carpeta, así como si nada, en medio de la hoja en simple tinta roja, resaltando mas la palidez del papel a rayas, pero era una constante del día a día que nadie hiciera una revisión de esos etcétera rezando “ incompleto”, o esos “sin hacer” marcados en rojo, que ya no representaban peligro, no. Era un día mas de todos los demás días en la escuela.
Pero un día, ( y si, todo empieza un día, salvo … los erase una vez) ese día, empezó a llover de la nada, era muy raro, no se como explicarlo, … es como si estuvieran viendo rocky 3, y en la escena en la que stallone esta por perder, de la nada aterriza un ovni en medio del ring  y los salva a todos…. Así de raro.  Bueno no es que la lluvia sea rara en si, sino que el pronostico garantizaba unos 26 grados en un abril de ritmo no tan tibio, despejado, sin una sola nube desde el amanecer hasta el atardecer… Pero la lluvia comenzó a usar la gravedad para caer, pero eso no era lo mas grave, por que la mayor gravedad de todas era que la felicidad del timbre de recreo no llegaría con una estrepitosa salida de un mar de chicos a las corridas por alcanzar los placeres del bufet o la libertad del patio… la lluvia solo seria el inicio de un mal día… y por ahora sin recreo.
Después de diez eternos minutos viendo la lluvia y yendo desde un pasillo minúsculo a un aula en la que 26 mas respirarían el mismo olor a humedad durante otras 2 horas, el panorama seria desolador, un desierto de casi 120 minutos de aburrimiento. El próximo recreo pasaría lo mismo, un calco de tiempo y forma.
El niño se sintió raro cuando de inmediato al entrar del segundo recreo, fue llamado al pizarrón, para demostrar o dejar en evidencia su falta de interés en la materia, o en cualquier otra materia. Pero esa no era la nota de terror dentro de esta leyenda urbana. La vergüenza no es destino cuando se viaja gratis en el tren de la vida, se transforma en paisaje cuando uno no se esfuerza.
De pronto la frase de la maestra .- “Me das el cuaderno de comunicados”- sonó muy muy diferente a las demás veces, ni siquiera tenia esa sensación cuando los motivos eran de rojos “incompletos” o las corridas temerarias en los recreos. Pero ya dije, ese día fue diferente. Al devolverlo dicto sentencia. “NO LO LEAS”
De ahí el comienzo de la leyenda urbana que quiero contar, lo demás era una introducción larga de días, recreos y lluvias extraordinarias, pero eran el comienzo de una día muy muy malo.
Apenas el niño salió a la calle, luego de la escuela, dio un paso al mundo exterior justo al ver el primer copo de nieve que se ve caer en ese paramo como cualquier otro en el mundo. Pero este cayo en su nariz, otro mas en su mejilla y así hasta cubrirlo casi todo. La corriente de aire cambio, el escaso viento, y el acentuado frio exterior hizo sentir a nuestro protagonista que daba lo mismo estar cubierto con un guardapolvo o desnudo, después de ese “NO LO LEAS” todo era la misma cosa. Lo bueno era que eran dos cuadras mezcladas entre la curiosidad, el frio y … la nota.
¿Qué hacer? ¿leer o no leer? Esa era la cuestión… el ser o no ser es trivial en este momento.
Se preguntaba… ¿será que el universo esta en mi contra?
La nieve caía, algunos jugaban, otros miraban sin mas, pero todos sacaban a pasear su curiosidad con olor a nuevo, Pero para el niño ya ni el frio que sentía era preocupación… Quería correr, cosa que despejaría el frio … pero pesaba mas la curiosidad de la nota que la de los miles de copos de nieve besando la tierra. Calculo que pesaba tonelada … tonelada y media.
  Llego medio mojado, pero ese cuaderno retraso la caminata y la hizo interminable… Que seria esa nota… ¿Por qué a mi?
En fin, el día era raro.
-¿Alguna novedad?- Dijo su padre. Como si el mundo y todo lo que hay no fuera la suficiente fuente de novedades… Seamos serios, estaba nevando en abril en un lugar en donde la historia local no conoce la palabra nieve ni imponiéndola por edicto policial o ley municipal…
¿Que sabría el de la nota? Se preguntaba estupefacto… ¿Por qué no pregunto por lo otro? La nieve… ¡Sabe!… se decía.  Pero exteriorizo un … -No, nada- y los hombros acompañaron los gestos de la boca.- ¿Por?- dijo y  Siguió estoico frente a su padre.
Armonizo todo con la ceremonia del almuerzo. Lavarse las manos, ayudar a tender la mesa, preparar las cosas, sentarse, masticar, tragar… pero su mente esta en un pedazo de papel a escasos metros de su silla, sobre un sillón, dentro de su mochila…
Nunca, nunca…. (entiéndase la palabra nunca como lo que es, nunca)  su padre había preguntado – ¿Tenes tarea? ¿Alguna cosa? ¿alguna nota?-  Y hoy lo hizo.
Se sintió morir. El corazón del niño se detuvo, las neuronas querían salir huyendo por que entre ellas no había respuesta posible. Es decir si la había y era obvia, pero no era lo que quería decir.
 La milanesa de pollo le quedo a medio camino dentro de su cuerpo, no sabría donde ubicarla dentro del esquema del cuerpo, lo que si se que no estaba dentro de su cuerpo era la lengua, no pudo decir una palabra, ni a favor ni en contra. Fue al sillón, tomo la mochila y la dio a su padre. Se entrego, así de simple, afuera habia un mundo, pero  adentro había otro mundo.
Hoy dejo de ser nunca.
Ese día fue el ultimo nunca de la historia. De ahí en mas las notas del cuaderno de comunicaciones y las carpetas dejarían de estar tan separadas de la realidad, estarían unidas para siempre por la comunicación entre padres y maestros. Haciendo que así la tinta roja dejara de fluir por entre incompletos y sin hacer.
Se formo el mito y se forjo la leyenda urbana, que desde ese día tan raro, todos los días de clase, los niños temen ante palabras como:
 .- Me das la mochila que voy a revisar las carpetas…-
No me lo conto mi papa o mi mama, no. Ellos revisaban mis carpetas y mi cuaderno.
Yo solo escribí la reacción de mi hijo.

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