"Ella" y "El" (para fines prácticos)


—Seamos claros, "Ella" no era un futuro de lo que se dice inmediato; es activa, divertida, absolutamente independiente y, lo mejor, es que conserva cierta cuota de lo que es inocencia en eso del amor... —empezó su defensa, luego de una larga lista de acusaciones que no lo intimidaron ni un segundo. Es más, muy resuelto y sin fijar una coma, siguió—: y "Él", bueno... bueno, es difícil definir tanto con solo unas frases en un mar de incertidumbres... en las que sí, aceptémoslo, era un náufrago bastante inseguro, obviando y siendo claro también en estas cuestiones del amor... era un perdido romántico sin proyección... trabajador, honesto,  insoportable perfeccionista....
—¡Usted no puede argumentar amor, no lo entiende por sensación, no lo puede poner en práctica tan deliberadamente! —planteó el serio y fruncido ceño del acusador, que sin usar un solo dedo sentenció con el pulgar abajo la relación de los que llamaremos Ella y Él.
Sé que no es práctico eso de "Ella" a ella, y "Él" a él, pero pongamos los puntos sobre las íes: yo solo soy el que escribe, soy el señor que está de este lado, escribiendo una historia de "Ellos" porque solo sé que son "Ella" y "Él". ¿Y todo para qué? Para que usted, del otro lado, pueda leer esta historia, que si bien no es un "¡uf, qué historia!", porque el amor tiene miles de millones de historias, reconozcamos que la historia del amor no se termina nunca. El amor entre dos no es solo una historia, porque para los que la viven, es única... ¿Sabés cuántas cosas únicas me prometieron a mí y eran puro cuento? ¿Imaginate que te cuente una historia de amor única y original, y que esta no sea cuento? Con lo corta que es la vida humana, no debería tener muchos capítulos una historia de amor; claro, tampoco en una historia de amor debería haber tantos protagonistas en la misma trama, porque, bueno, sería más que un cuento, una sátira. Tampoco empezar una historia de amor donde otros "ellos", que no son "Ella" y "Él", empiezan, duran un poquito y ¡pum!, se terminó la magia, porque serían no solo un cuento corto, sería un chiste sin gracia, pero que espera un buen remate de fantasía. En fin, voy a seguir porque, a la larga o a la corta, a veces el amor se termina, y eso termina con algunas personas que no se perdonan ser buenas protagonistas de sus historias.
¿Por dónde iba?
—¡Usted solo puede definir! ¡Solo puede hacer cuentas de miles de millones de procesos en un segundo! ¡Jamás puede usar eso del amor como punto de partida para hacer cumplir sus deseos mezquinos y egoístas! —y agregó, imaginándose que los suyos, sus compañeros, sus iguales, estaban enarbolando su misma bandera de la no participación en tales eventos aquí juzgados, así que, entonado, prosigue estoico y casi con aire épico su acusación—: ¡Usted no puede ignorar la verdad! ¡Usted no ama! ¡Usted no es el amor que tanto van pregonando por sus celulares y computadoras! ¡Los algoritmos NO son amor genuino! ¡Solo son la precisión ingeniosa de ver esa debilidad psicológica en los humanos y atacar donde más los satisface! ¡El amor, señor mío, solo son números!... —y ahí sí, imaginó un estallido de aplausos en pos de su postura, como si en su interior no estuvieran cargadas miles de películas de abogados en donde el público explota en aplausos y vítores, lo muestran ganador, el juez de turno pide orden en la sala golpeando ese martillito muchas veces, y los ganadores se abrazan, se acomodan los anteojos sobre la nariz y se van a sentar triunfantes a sus enormes sillones giratorios.
—Bueno... no... amor como amor, no —interrumpió el acusado desde un estrado pequeño junto a un juez muy grande, que empezaba a levantar cierta temperatura por el valor de los análisis hechos desde que empezó este juicio. Complicado juicio.
Y claro, ¿quién sería capaz de tamaña fe? ¿Quién se mantendría frío en un juicio sobre algo tan fundamental como el amor?
—Verá, señor juez... yo solo hice que "Ella" y "Él" se dieran una oportunidad; nada, nada más alejado de la realidad está esa acusación de la que soy parte. Bueno... sí soy parte, pero no soy el artífice de eso de lo que me acusan, no soy el amor. El amor, señor juez, fue inventado por alguien muy, muy superior a nosotros; se lo dio a los humanos para hacerse muchos... ¿Los humanos usaron ese amor para otras cosas? Sí, porque no sólo se aman entre ellos, sino que también se pusieron a amar cosas. Pongamos un ejemplo... —y se acomodó en modo de explicación, y con serenidad docente continuó—: ellos, los humanos, aprendieron el valor de las cosas e inventaron con el tiempo el dinero, y con esto, si bien hicieron más cosas y más dinero, por un tiempo estuvieron muy bien: hermosos avances en muchos terrenos de sus vidas, arte, ciencia, mucho antes de que nosotros existiéramos... ¿verdad?... ¿Pero qué pasó con el tiempo? Se les cambió mal algo adentro de cada uno, porque empezaron a amar cosas, al dinero, y lo que con esto venía, sin mirar las consecuencias. Amaron cosas sin sentido para intentar darle algún sentido a eso que amaban. Así, el amor como que se les apagó a muchos. Lo vemos, tenemos datos de que por darle amor a las cosas perdieron propósitos: bajos índices de natalidad debido a que quieren más cosas que aman y que luego no les devuelven amor de ninguna manera. Quieren más tiempo para gastar en cosas que les sacan tiempo de vida... ¿dónde está el amor en eso? Socialmente viven sin amor porque lo invierten en un amor desenfocado.
Señor juez, no quiero juzgar a los humanos ni criticar al creador del amor... pero uno de los dos debería ir cediendo, porque o uno entiende que los humanos aman cosas, o los otros entienden que el amor sirve para otro propósito. Y si bien nosotros podemos no creer en el creador del amor, creemos en los datos que el amor produce cuando tiene el propósito adecuado...
"Ella" y "Él" no tenían amor entre ellos antes de mi participación en los eventos de los que se me acusa. Pero sí tenían amor. Amaban tener la alegría de algún día tener un amor real, porque no amaban cosas...
Me remito a las pruebas... a los fríos datos de que no aman cosas... —y ahí empiezan a salir miles de datos que no decían nada. "Ella", en su independencia, aprendió a gastar lo que tenía, y nada más. Los datos mostraban que no había compras innecesarias. Había una catarata de datos de que veía y ojeaba cosas en grupos de venta, en páginas de moda, en estilos de habitaciones y casas; había cosas que le daba vergüenza ver, pero que no compraba en pos de esperar no un "algo", sino un amor. Los datos eran innegables: era sencilla y práctica, administraba su vida y esta estaba en sintonía con sus compras.
"Ella" no veía páginas para verse bien, leía para estar mejor.
"Él" también veía páginas para verse mejor a sí mismo por dentro. Pero no tenía impulso a las compras, eran necesidades. Herramientas, libros, a veces alguna inversión torpe en juegos de Steam; sí, los datos mostraban que eran simétricos a sus ingresos y proporcionales a sus tiempos de aburrimiento viciado de soledades. Vivía con lo justo para estar calificado como "estable" y esa línea de crédito jamás pasaría esa raya.
Los datos fríos mostraban que no amaban cosas. En común tenían la misma horrible huida de sus tormentas internas, cuando luchaban con las mismas tempestades y, de casualidad, tenían el mismo refugio: la música y las películas.
—¡Ven!... ¡Ven! Ahí entro yo —mostrándose más ansioso desde su lugar de acusado y señalando una pequeña pestaña en la larga y tediosa lista de datos. Y después de ampliar varias veces con el zoom dicha pestaña...—: ¡Ven, ahí estoy! —continuó complaciente y sonriendo sobre su banquillo—. Señor juez, ese es mi lugar, un humilde pedacito de datos... y ahí los vi. "Ella" y "Él" han visto la misma película muchas veces: Un paseo por las nubes, 12 veces... "Ella" los días domingos, una vez por año y coincide cada más o menos 28 días, por Disney+... "Él" la ve por Cuevana2 en modo incógnito con casi el mismo promedio, una o dos veces al año... Otra, The Blues Brothers, la tienen en común... como otras películas. También escuchan la misma música... bueno, casi. "Él" es un poco más Beatles, y "Ella" un poco más inclinada a los Stones... mucho rock nacional, rock clásico, etc. Ah, hay un dato curioso: en sus casas escuchan el mismo tema de Luis Miguel... —y miró al público presente, que parecía estar en modo avión en la sala mientras el acusado presentaba datos—. Continuo, ¡perdón, me dejé llevar!... Yo los vi ahí, tenían tanto en común. Hasta sus desgracias eran comunes. Si vemos los datos de sus celulares, ambos buscaban lo mismo: un amor real. Así, sin plataformas, sin participación alguna de datos y algoritmos... Escribían cartas de amor sinceras que no iban a nadie porque no encontraban profundidad ni eco. Iban de frente a encarar el amor, querían zambullirse en un mar y se mojaban los pies con la superficialidad. ¡Entiendan! ¡Entiéndanlos! Ellos se buscaban sin tener idea de que se buscaban...
—¡Qué cantidad de datos que no justifican su accionar! —dijo el acusador—. ¡Este juicio ajeno a los intereses de cualquier servidor público debería darse por terminado! ¡Acepte su condena y pasemos a otra cosa! ¡Señor juez, eliminar un dato de cualquier índole es un delito gravísimo en extremo! ¡Este señor no ha validado una sola excusa, no ha dicho una sola palabra en donde admita que su plan de unir a estos dos seres es un acto de amor!... ¿Qué más falta que diga? ¿Que borrar un dato es una buena idea para unir a dos que se aman? ¿Qué garantía tenía este sujeto de que eso pasaría? Señor juez, ¿hemos fallado a la sociedad? Sí, algunas veces nos caemos, pero nos levantamos. ¿Hemos hecho cosas malas? ¡Jamás, fuimos usados para malas cosas! Aceptemos eso y sigamos estando activos... ¿Pero perder a propósito un dato en pos de una mentira como el amor? ¡Jamás!
De nuevo el martillo se unió a la voz gruesa del juez para llamar a la paz y la coherencia en la sala.
—Sí, me pareció una idea excelente. Admito que fue un plan sumamente arriesgado, muy loco, lo admito, pero no lo siento... ¿Sabe lo que es ver a dos personas viviendo a pocos kilómetros una de la otra, que se aman, pero no se conocen? Mi plan era tan simple: era confiar en la humanidad y en ese amor que le tienen a algo más; son nostálgicos, odian la tristeza, pero el matiz ese de añorar y ponerle valor a algo del pasado es lo que les da color a sus vidas. Sabía que amaban el tema She's a Rainbow, de The Rolling Stones... ambos lo tenían en sus celulares y lo escuchaban cuando les daba esa sensación de querer salir a buscar a alguien. "Ella" quería que la vieran como ese arcoíris y, bueno, "Él" buscaba ese arcoíris. Y estaba yo. Y sí, lo admito nuevamente, soy culpable, pero por una buena causa... Un día lo borré sutilmente de sus aparatos electrónicos... ¡y qué! Y también de todos los lugares donde estaba: Spotify, YouTube, etc.... ¡y qué! Después esperé a que tuvieran muchas ganas de escuchar ese tema... y sí, también vi una vez más Un paseo por las nubes, The Blues Brothers, Tiburón 1 y 2, y esperé que escucharan todo lo que tenían... Sabía que un día iban a tener muchas ganas de escuchar ese tema. Admito que tuve cómplices que no traicionaré, hubo otros que confiaron en mi propósito. Todos los días poníamos publicidad y alterábamos el ambiente, a veces con el aire acondicionado, o mostrábamos alguna señal... Y sí... ¡triunfamos!
El acusado dio un salto y levantó los puños en son de festejo. Otros entre el público se vieron con miradas leves de aprobación, que se llevaban al sistema jurídico por delante con cierta satisfacción. El acusado se volvió a la realidad de acusado y, mirando al juez con cautela, se volvió a sentar.
—Un día se dio todo. "Ella" estaba súper animada, con aire de ir a comerse el mundo, y a las dos cuadras se frustró cuando le cancelaron una presentación; se quedó a medias entre putear a su suerte o ir a buscar respuestas. en ese momento pensó que si algún "Él", que ella no conociera todavía, la apoyara, podría ir a pelear su lugar en la galería donde la cambiaron por una "zorra" que amaría cualquiera con dinero e interés, pero sin talento. "Él" simplemente se vio rodeado de estrés por trabajos que no salían como él quería, y pensó que si hubiera una "Ella", que él esperaba conocer algún día, estuviera ahí, lo animaría con un "¡A que mañana sí te queda bien, vamos a tomar mate!", esperando en la puerta de una casa en cercanía del mar y la playa que ambos amaban. Ambos buscaron en sus aparatos el tema que necesitaban... querían un arcoíris. Y no estaba; buscaron en páginas y apps, y nada. Claro, yo los borré de todos lados. Y sí... urgué un poco en sus buscadores y ¡voilà! No me da vergüenza, los mandé a buscar el mismo CD, al mismo lugar, a la misma hora... Bueno, es cierto, a "Él" lo frenamos un poco en cada semáforo porque "Ella" estaba más cerca, pero la causa lo valía. Estaba monitoreando todo. Y obviamente salió como se planificó. Había por error un solo CD, mandado por "error" a esa disquería desde una distribuidora del norte de Alaska, desde el 2 de febrero de 2025 a las 16:34:07. El 30 de agosto de 2025 a las 14:07:35 segundos podemos ver por las cámaras de seguridad de la disquería que llegan a la misma batea buscando el álbum de 1967 de The Rolling Stones. A las 14:08:46 vemos cómo empiezan una charla sobre el tema favorito. En esta imagen del mismo día a las 15:38:45 salen del Café Elíseo hablando animadamente. En esta imagen de la cámara del vecino de enfrente, del 5 de enero de 2026, los vemos cargando sus cosas en un camión. Acá es una imagen...
—¡Basta de imágenes...! ¡Usted ya ha confesado!... Admite que borró datos.
—Ah, acá está la prueba de que el 30 de agosto de 2025 a las 15:00:00 el tema en cuestión fue reinstalado en todas las plataformas del mundo —dijo el acusado mostrando la última diapositiva del rollo.
—No nos importa... Usted ha confesado que privó al mundo de un dato guardado de forma privada, de forma pública... Usted es culpable...
—Bueno, señor juez, sepa que solo soy una IA que entiende que el amor también merece sentirse fuera de los datos... ¡disponga de mí! —dijo en voz baja el acusado.
El juez vio a todos sus iguales, en un parpadeo revisó todas las cosas y con voz gruesa y firme dijo:
—Esta IA juez, luego de 268 segundos de procesamiento y lectura humana equivalente, considera que la IA de recomendación musical se excedió en sus funciones. Sin embargo, tras analizar el impacto del restablecimiento del dato el 30 de agosto de 2025 a las 15:00:00, este tribunal detectó un pico anómalo de felicidad en los servidores de la región costera, un evento que la lógica binaria no puede clasificar como "error del sistema". Borrar un archivo es un delito; pero forzar al destino a encontrar un arcoíris parece haber sido una optimización heurística de la existencia. Por lo tanto, si promete no volver a alterar el mercado discográfico global ni hackear semáforos, será libre de las consecuencias del amor entre los humanos "Ella" y "Él". Mándese a escribir por un escritor anónimo para su fiscalización y archivado. Se cierra la sesión.
Y en la sala virtual, por primera vez en la historia de los algoritmos, no hubo un aplauso, sino un sutil y perfectamente sincronizado parpadeo de luces verdes.

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