Ganar no es un detalle y la suerte no es destino.
Ganar no es un detalle y la suerte no es destino.
Uno no debe desestimar nunca ni la suerte, ni los detalles, porque uno no sabe qué clase de cosas están a la vuelta de la página. Imagine que uno toma un libro del que nada sabe, y sin siquiera abrirlo para recorrer sus páginas, o como hicimos todos alguna vez, vimos si tenía imágenes. Si se le dibujo una sonrisa, lo acuso, lo ha hecho. Y no digo que este mal, porque también está mal juzgar un libro por su tapa diría mi abuela, y sin embargo pasa. Pero lo animo a jugar sin ver, sí. Lo animo a empezar a leer algo en donde no sepa como empieza o como termina, sin saber si lee un cuento de una página o un libro de mil.
Bueno así es la vida un poco de las casualidades dentro del día a día, uno puede creer que tendrá un día tranquilo pero sin embargo presentarse una tormenta. Bueno, en eso me gana, ahora hay miles de formas de saber si lloverá en ese instante donde usted lee esto, o bien buscar como estará el clima en Australia si así lo quisiera, con solo mover unos instantes los dedos sobre un teclado, o deslizarlos sobre una pantalla. Pero amigo mío, nunca podrá manejar el clima.
Vera, y me explico y lo sumerjo en la lectura, así que a partir de ahora le aclaro que si sigue leyendo seremos cómplices. Con solo saber no hará más que tener solo una parte de la información. ¿Qué le faltaría para que su día sea como espera? Para muchos la vida es tener cosas, para otros es tener a alguien, para otros es la posibilidad de tenerlo todo, para otros es esperar que algo suceda. Así será para miles de sus vecinos, y quizás para usted mismo. La vida en resumen podría ser una mezcla de posibilidades entre ser y tener, ser y estar, o simplemente ser. Pero así y todo le faltaría algo ¿Qué le faltaría? ¿Cuál de esos detalles que le sumarian un plus a su vida? por ejemplo: si tuviera la información de los números de lotería de ayer, la verdad eso no le cambiaría nada de nada, pero ¿si tuviera los de mañana?
¿Ve?, le faltan datos, detalles que harían de su vida una mejor. Los detalles son todo, más allá del clima que usted busque, del lugar que busque, la vida sería mejor no por el clima, sería mejor con los detalles de al menos 6 o 4 números que saldrán el día de mañana. Y uno la verdad no le daría importancia a la cantidad de lluvia que habría o no en los próximos días, porque con dinero usted pensaría no en el clima de donde está, sino en el clima que podría elegir desde donde esta y con el dinero ganado sabiendo hasta que vuelo tomar para llegar a ese lugar.
Y ¿Por qué cómplices?
Tengo una cuestión que para mí es un detalle, lo note desde mi adolescencia ¡Que prodigio! Podría decir usted. De niño no me di cuenta que esto era así, pero empecé a darme cuenta que era una especia de maldición, pero ya era un adulto casado. Tenía una especie de consecuencias malas por tener buena suerte. Le juro que no miento.
La primeras veces eran cosas que venían cuando dormía profundo, soñé que veía un tren, tenía vagones de diferentes clases, y diferentes colores y formas. Lo recordé porque la locomotora tenía 6 ruedas, el segundo vagón era verde y tenía 4, el tercero también era verde y tenía 2, el cuarto era azul y 1 rueda, el quinto que era azul 2, el sexto 3 y era un vagón rojo, el séptimo estaba suspendido en el aire pero era rojo también, como lo eran el octavo con 2 ruedas el noveno 4 ruedas, el décimo 3 y el onceavo 3, eran verdes, el doceavo y el ultimo vagón eran amarillos y no tenían ruedas, iban flotando en el aire. Y la verdad que fue tan fuertes que desperté con la sorpresa del sonido muy fuerte del tren en mi oído. Me parecía tan tan ridículo tener un sueño de esos que descartaba la idea de siquiera prestarles atención.
Pero grande fue mi sorpresa cuando al otro día por la noche se dan los ganadores de un famoso sorteo de quiniela. Si usted siguió el tren de números se habrá dado cuenta con la incredulidad que vi la tele con los números 42-12-30-24-33-00. Con el cartel de pozo vacante por una suma tan seguido de ceros que daban vergüenza no poder deletrearlos. La imagen me siguió en cada diario que veía, en cada imagen reflejada en un celular. Y ahí note que sería un presagio, que al cabo de unos días, le atribuí a la casualidad, como si fuera una santa a la que se le rinde adoración y luego se desestima cuando nos cumple sus votos y no los nuestros. Qué se yo, los santos son así, los devotos no tanto.
Y si, volví a soñar con ese tren, que tenía otras ruedas y otros colores, y le aposte. Pero no, no gane. Cada número de ruedas y colores no salieron pero ni siquiera en la fila. Y otra vez me dije entre insultos lo inútil que era al creer que un simple mortal entre los muchos sería tan bendecido con tal suerte.
Y no lo van a creer, cada martes y sábado soñaba trenes, números, colores y cosas. Que si, salían. Solo que era cuando yo no jugaba. Ahí fue cuando debí darme cuenta que no era una cuestión de suerte, era una cuestión de error. Y si, los errores también son un detalle. ¿O acaso ustedes cuentan las que pierden?
Tuve la brillante idea de experimentar con esa cuestión. Y si, el martes a la noche soñé. Y decidido a ensayo y error, probar como podía ser que esas visiones no fueran para mi ese alivio en el bolsillo. Esa misma tarde salí temprano del trabajo, fui a donde no voy nunca porque era un hombre de sanas compañías y buenos pensamientos, así que jamás iría a un lugar donde se juntan personas que muchas veces tienen menos suerte que yo, pero que la olvidan tomando café, o algo más fuerte que les mate la voluntad de a poco.
Fui hasta el que me pareció mas desafortunado del bar, me le caí por un costado y le deje los números anotados en una servilleta. Y hui. Si los numero salieron, pero el hombre no fue ganador, porque al otro día lo vi ahí, sentado tomando su café mirando su taxi desde la ventana del bar, así que era un jueves más en su vida.
Si, lo sé. No fue muy inteligente de mi parte hacer eso, debía haber dicho otra cosa, no sé, quizás hablarle y decirle que eran los números del sorteo de ese día. Pero me di cuenta que me saludo desde lejos con una mirada amorosa. Porque claro, imagino que le di mi número de teléfono. Lo sé, tampoco lo pensé. Obviamente no uso esa táctica para conocer gente, además soy casado. No lo tomen a mal, pero si, casado con una mujer.
Ella tampoco sabía de lo que pasaba, pensó que solo tenía malos sueños. Y no, solo era mala suerte.
La idea más lógica seria, decirle a alguien que era lo que me pasaba, pero temí ser tomado por loco. Descarte la idea de inmediato.
Deje las ideas para el lunes, ese fin de semana también soñé, pero replantee una estrategia mejor.
Fue así que se me ocurrió, en la hora del almuerzo del lunes, en una charla casual hablaría del sorteo del domingo, que fue vacante otra vez. El martes también saque el tema, y para generar hambre entre su codicia, les pregunte: ¿si ganaran esa guita… que harían?. Todos tenían ideas de irse a cualquier lugar donde la vida fuera mejor que donde estaban.
El miércoles en el almuerzo saque el tema, y deslice con cierto grado de misterio, los números soñados, 07-09-15-19-29-33. Me decepcione porque no vi a nadie anotarlos. En fin me dije, buscaré otro lugar o lo intentare la próxima semana.
Vieron que la gente en realidad no muestra nunca lo que es, por temor a ser tomada como loca, o mostrarse diferente. (No sé porque volví a recordar al taxista). Y con Carlos Bruceras paso eso. Trabaje con él durante 22 años, me enseño una vida dentro de la fábrica. Hombre tranquilo, quieto y sereno. Con decir que en 22 años no lo escuche ni siquiera gritar cuando juagábamos a las cartas en la hora del almuerzo. Siempre era un envido, o un truco, así deslizado por abajo, ni cuando retrucaba o echaba una falta levantaba la voz. Sus explicaciones sobre las tareas asignadas del día eran aburridas y monótonas, un solo monocorde de barítono sindical. Ah, pero ese viernes vino como siempre, con su pantalón y camisa de grafa azul marino, como los últimos 22 años. Cerca de las 15.30, empezó a los gritos, discutió con cada encargado, y a las 15:45, una horda de malas palabras y obscenidades comenzó a dejarse salir desde los 22 años que guardo cada reproche destilando todo el rencor que lo mantenía pegado a su rutinaria vida dentro de la fábrica. Dando descripciones de cada lugar donde las cosas se hacen mal, quien salía a escondidas con quien, quien era amante de quién y por supuesto terminó su exposición determinando quien era del sindicato que hablaba en la empresa con la patronal exponiendo y acusando para que los echen por hablar mal de la empresa. Y si, Carlos Bruceras prendió fuego todo con el destilado de sus palabras y a las 16:10 más tardar se fue, con su ropa de grafa azul marino. El lunes siguiente nos enteramos que se separó de la esposa, y se fue a vivir a Uruguay con una amiga, y que si había ganado el premio con los números que recordó del día que los dije.
Me sentí bien y mal a la vez, pero no sé en qué parte bien y en que partes mal, porque por un lado mi teoría era acertada, y en parte mal porque Carlos dejo todo como tierra rasada en donde vivió, en su casa, en la fábrica, en su nombre. No lo vimos más, y no creo que lo veamos más, ¿quién volvería a una fábrica teniendo 2300 millones de respuestas y razones en el banco?
Lo bueno es que si, cuando yo soñaba los números salían, cuando yo soñaba y apostaba, por alguna razón no salían, pero si alguna persona jugaba esos números ganaban. Pase a creer que tenía el plan perfecto. Tenía que tener un socio, obvio.
Manuel Correa, fue el primero. Compañero de clases en el 93, terminamos juntos la escuela, el mejor promedio de los 6 años de industrial. Le conté que había soñado los números de sorteo. Y al domingo no me creyó. Pero vieron como es, con el diario de los lunes todos sabemos quién fue mejor. Al miércoles apostamos, jugamos los dos una boleta cada uno. No ganamos, porque no sé, creí que iba a presionar a la suerte, creí que iba a extorsionar al destino, como desafiándolo a creer que si Manuel gana, yo gano. Y no, no gano ninguno de los dos ese miércoles.
Nos dijimos, juguemos los dos a una boleta el lunes. ¡No saben lo que fue contar los días hasta el sorteo! El miércoles para las 22:30, ya habíamos marcado otra decepción. Discutimos bastante feo, me dijo que era un estafador. Y si me sentía así, pero no entendía que era lo que fallaba en nuestra lógica.
El fin de semana no lo intentamos, pero por mensaje por las dudas el domingo a la noche e mande los números por mensaje para que creyera en mí, que tenía un don, que de alguna forma sabía que funcionaba, pero que no era yo.
Volví a acertar cada maldito número. Manuel me mandó un mensaje con su idea. Ese domingo quedo vacante. Tuvo la idea genial de que a lo mejor por una espacie de mística o cosa espiritual que no podíamos resolver, que era yo el que traía la mala suerte, así que ese día tuvo la idea de que yo le diera los números por mensaje de texto, que él y solo el iría a la agencia a jugarlos. Y me pareció brillante, porque a lo mejor tenía razón. Siempre fue mejor en eso de estudiar después de todo fue el mejor promedio durante 6 años.
No lo imaginen porque les dije que éramos cómplices. Ganamos obviamente. Pero nunca me volvió a contestar el teléfono. Nunca siquiera volví a ver la doble tilde, fue uno solo y nunca cambio desde que termino el sorteo ese domingo. Nunca va a ser doble tilde azul.
Bien, me sentí defraudado pero aprendí. Necesito a alguien que sea no tan brillante.
¿Dónde buscar a un incauto, al cual pueda contarle mi “negocio” y que no me haga la Gran Manuel?
En la fábrica el tema del azar estaba bastante prohibido, ya casi ni nos hablamos entre compañeros, imaginaran que ninguno habla de Carlos, ya convertido en una espacie de Torquemada sindical.
Cometí miles de errores en mi vida, pero el peor no fue Manuel, fue buscar en la familia. Yo era hijo único, con todo lo que implica ese mote entre mi familia. Mis primos eran un grupo de primates que si fuera por ellos desencadenarían la tercera guerra mundial, solo para ver si la cuarta de verdad seria con piedras y palos. Entre mis primas la idea no era tan neardenthal pero funcionaba como una especie de crisol de metales. Pero con la diferencia que los metales se funden en él y dan aleaciones diferentes a los que se les dan un propósito. Este crisol era de idioteces, y la resultante de esta no tiene mayor propósito que echarse en cara todas las miserias familiares.
Mire a la familia de mi esposa, parecía que alguno de mis cuñados sería el candidato ideal, pocas ideas, poca voluntad, todo enfocado a la conservación del esfuerzo y no desperdiciarlo en trabajo alguno. Pero me alerto el desmedido sentido de la ambición.
Deje a familia lejos de las ambiciones ajenas, ya tenían suficiente con ser así como eran.
Busque una persona humilde del barrio, le dije cuál era el plan y para mi sorpresa no solo me creyó, de inmediato acepto. Ese mismo miércoles fue a jugar. A eso de las 22:50 ya sabíamos que debíamos repartir entre 5 las 1700 razones para ser felices. Fuimos a festejar con don Chelo, aunque era tarde fuimos a comer a una parrilla, tomamos y comimos lo que queríamos, y gastamos lo que no teníamos, siendo que nos repartíamos suficiente como para no penar por un buen tiempo.
Ahora es donde nos hacemos cómplices de verdad. Nunca en mi vida sentí confesar algo tan penoso, no me sentía millonario, me sentía una mugre. Me sentía una mancha de café en la mejor camisa. Lo lleve a la casa con mi modesto auto después de cenar. Pensando que lo tiraría o lo regalaría en una muestra de mi magnánima nueva forma de ser. Mi estúpido yo pensando en mí, en como dejaría mi Ford Fiesta 2001 de toda la vida pudriéndose en oxido y olvido, imaginando en que camioneta sería mejor, si una Ford Territory o una Ranger 0 km, o quizás las dos, una para lunes a viernes y otra paras los fines de semana. Deje a Don Chelo en la casa después de nuestro festejo. Me dice antes de bajar, ¿en vista de que somos socios… no me dejaría unos adelantos? – obvio le dije y le pedí que me espere.
Fui a casa, le dije a mi esposa que iba a agarrar los ahorros de la caja. No me escucho creo, y deje en la cajita el billete ganador. Cambie unos papeles de colores por una boleta impresa con mi suerte y la suerte de don Chelo ya echada ¡ya éramos ganadores! ¡Ni el mismísimo dios se atrevería retroceder el tiempo para hacer que eso cambie! Fui a la casa de Don Chelo y le deje la plata cerca de las dos de la mañana. Tomamos unos vinos más y me fui a casa.
Don Chelo no tomaba desde hacía 8 años. Le saque pasaje al infierno, lo lleve, lo puse en el mejor asiento a sus miedos y lo deje ahí. No pude verlo más. Me llamaron fuerte a la casa cerca de las 9 del otro día, que tenía que ir a declarar porque fui el último en ver a Don Chelo con vida, querían reconstruir que paso en el tiempo que me fui de su casa hasta que el que empezó a llamar a antiguas malas compañías para invitarlos a tomar.
No sé qué me mantuvo balbuceando más respuestas si la resaca o la culpa.
Me llevaron a reconocer el cuerpo, y no pude contener nada adentro. No fue la resaca, fue la culpa. Dicen que entre algunos de los borrachos se empezaron a pelear y uno lo apuñalo porque le negó la botella.
Ahora lo saben. Por eso somos cómplices, ya lo leyeron. Ya confesé.
Mi esposa me llevo a casa. Yo no podía parar de llorar, y estaba al punto de no saber si era por la culpa o la resaca y ya ni siquiera intentar saberlo.
Estuve dos o tres días sin salir de la cama, más que para hacer mis necesidades porque comer no quería, y ya casi no tenía que despedir. En una tarde solté todo a mi esposa, le conté todo, realmente todo. Le dije que tomara el boleto de lotería y se fuera, que ella merecía a un tipo que no fuera un mal tipo. Se me acerco, me levanto el rostro y me dijo, que estaba bien que siga llorando, pero que mañana tenía que ir a trabajar.
Ella siempre supo. Todas las noches que soñaba ella escuchaba los números, y me dijo que ella sabía que eran de la lotería. Se había dado cuenta hacia años. Pero sabía que si hacia alguna cosa para jugarlos no íbamos a estar mejor. Me dijo que con tenerme a mí alcanzaba. ¡a mí! Un tipo que no hizo mucho más que daño a otros mostrándoles sus males, poniéndolos al borde de sus miserias. Y ahora solo iba a sentir que los había empujado.
¿Saben qué? Ella me perdono y me ayudo a perdonarme. Los ángeles no sé cómo siempre saben qué hacer con uno. Dicen por ahí que Dios les dice que hacer, y ellos van y te ayudan. No deje de soñar números, pero tampoco deje de soñar con ella, solo sé que duermo mejor. Manejo el mismo Fiesta 2001, manejo la misma extrusora de los últimos 12 años, uso el mismo uniforme de grafa azul marino. Lo que sí sé, es que los ángeles te cuidan de andar haciendo males por ahí, lo sé porque me case con uno hace 15 años.
¿Quieren probar que miento?
11-12-32-36-40-42
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