Huir no se puede, aprender es opcional.

 

Huir no se puede, aprender es opcional.

Me causó sorpresa pensar en la frase “huir del pasado” y me acorde de él.

Huir del pasado... ¿qué es? Porque si uno piensa, bah, reflexiona en lo que aprende es ir constantemente a buscarlo, revolverlo, resolverlo y con esa carga en mente se activa la acción. Es como parar hoy, mirar en ambos lados del ayer y cruzar la calle entre lo que vas a hacer y lo que hiciste o lo que te hizo el pasado, y volver para hacer para adelante. Puede que sea ingenuo de mi parte pero ¡que inútil es intentar huir del pasado cuando no queremos equivocarnos a futuro!

Uno huye de lo que le hace daño, envenena, contamina, duele. Ese huir es simplemente instinto de supervivencia, y aprovecho para sacar a pasear nuevamente mi ignorancia, pero es eso. Nadie en su sano pensar huye de lo que le hizo bien. A no ser que...

Suena mucho a otra frase enuncianda desde eso que llamamos experiencia, "el que se quemó con leche ve la vaca y llora" supongo que hace referencia a asumir lo aprendido, algo así como una profecía a la inversa. Porque una profecía es algo que va a pasar, es una advertencia a futuro, y uno elige si le hace caso o no, el pasado es similar ya lo viviste. Es entonces, y casi por obviar el punto que eso aprendido es una herramienta a futuro, y uno sabe si le haces caso o no.

Marco (así crudo, sin la “s” final) Zkarsa, era esa profecía al revés. Flaco, bien alineado, nada musculoso, gesto severo de viernes después del trabajo y un caminar de domingos a la tarde. Claro, como no iba a ser así, si así fueron todos sus días desde que dejo las cosas en paz con el mundo y su mundo. Sus días hoy eran serios y lentos.

Lamento que mis recuerdos sean tan vividos, pero sí. Dicen que las historias tristes son para los domingos a la tarde, de esos de invierno y con lluvia.

Recordar a Marco es muy muy raro, porque era como su nombre, raro.  Ya el hecho de que el tipo no fuera Marcos, con esa “s” que refuerza la idea de que hay miles de ellos, miles de Marcos en el mundo, que no son iguales, pero el nombre los unifica. Mire, hasta el apellido es honestamente como inventado, le daba ese misterio áurico de preguntas como: ¿de dónde será? ¿Qué origen tendrá? Etc. Y para volver a remarcar mi sinceridad al asunto, parece que fuera de algún país de Europa del Este, y no. Era de acá del barrio, su apellido no había vuelto al extranjero desde hacía no sé, como doscientos años, porque su papá y mama eran de acá, su abuelo y abuela eran de acá, sus bisabuelos eran de acá y así de generaciones en degeneraciones. No sé de donde serían, pero nunca volvieron y a nadie más trajeron a estas tierras porque en la guía de teléfonos solo estaban sus abuelos, y desde hace años después de una tragedia adherida a la memoria del pueblo, el padrón electoral solo está el, nuestro Marco Zkarsa.

Pálido como con días sin sol, pero de voz cálida como primavera cerca de finalizar noviembre. Altura promedio, poco menos de metro ochenta, a veces siento que todo su mundo era su lugar de trabajo. Siendo un tipo de edad media, manejar el negocio familiar no era manejar un imperio inmobiliario o una mega fábrica de cualquier cosa, me permito decir con ganas que era el kiosko mejor ubicado del pueblo, frente a la plaza, en la esquina de todas las paradas de colectivo. Así y todo era el lugar menos visitado del lugar. ¿Porque? Y, exceso de memoria colectiva y tóxica cantidad de rencor. Buenos mal que uno no recuerda así.

Desde la "tragedia más grande del pueblo" Marco quedó como heredero de la nada misma y la indiferencia de los años.

¿A esta altura ya les molesta la curiosidad de saber porque tanta celeridad ante este tipo? Ya le cuento, porque no es fácil, ya que a veces estas cosas de la memoria hacen que uno tenga que tragar saliva desde una sed que no tiene. Y uno cuenta la historia y escribe porque ya fue, ya paso... uno la fue, y uno la paso. No sé bien como decirlo, así que lo voy a escribir lo más rápido posible así se les pasa como a mí, que cuando la cuento rápido es como que le gano al bajón que viene después.

Marco amaba el fútbol. ¿Vieron que la Biblia dice que dios es amor?... bueno así, Marco era fútbol.

Todo en su vida era redondo. Su papá era el técnico del equipo de las inferiores del club Fomento y Social de acá. Don Bernardo Zkarsa era tan bueno, como persona y como amigo, como padre y si también tan técnico. Era tan DT carismático que un día se presentó en el club a decir que era técnico de fútbol. ¡Una enorme y terrible mentira! La verdad es que leía los domingos el diario, veía los partidos por la tele junto a Marco. Era una verdad, obvio, que veía que su hijo desde chico pateaba cualquier cosa, pelota de trapo, latas, piedras chicas y tenía una agilidad y calidad única para clavarlas en cualquier lugar que quisiera, hubiera arquero imaginario, fijo pero real, o real pero bueno. Y eso lo llevo a Don Bernardo a calificar de DT para el club. Eso y nada más, porque ¿Qué más se necesita para ser técnico? Lo siento puede sonar feo, o disonante, pero la mejor motivación es el afecto y el amor que uno le tiene a la pelota y si a eso le suma el amor a su hijo, ya está. Dos más dos son cuatro.

Ponele que todos de chicos queríamos ser superhéroes, algunos jugadores de fútbol, pero todos sabían que el sería “El jugador del pueblo”. Le veían en el pie, la ubicación del pueblo en el mundo, indicaciones de …acá nació Marco Zkarsa por todo el mundo. El quería jugar a la pelota pero la marcaban como una etiqueta.

Doña Cuchi era la mamá de Marco, la jefa del cuerpo técnico, por decirlo con tacto. Ella si era la que bordaba los números en la espalda de los pibes y los nombres, les pegaba en el pecho el número a cada camiseta. Algún ignorante diría que solo ponía el numerito y les daba el mate cocido cuando terminaba cada categoría. Y usted también puede decirlo así, si piensa igual, como yo puedo afirmar que si piensa que era solo eso lo que hacía, es usted un ingenuo. Ella te ponía el número que ella pensaba en la ignorancia de la esencia del fútbol que debías tener. A ella le importaba tres carajos qué el lateral derecho fuera la denominación del clásico dos, porque vos podías ser el mejor lateral derecho de la historia de la selección,  que si ella te decía que tenías cara de cinco iba a pasar esto: vos ibas a lucir el 5 en la espalda y tu apellido en la camiseta, pero ibas a ser el mejor lateral derecho de la historia jugando en esa posición, ibas a jugar de 2, pero con el 5 bordado en el pecho,  y solo porque Doña Cuchi te lo cosía en algún lugar del alma. Nadie le discutía eso jamás. Jamás, y eso que su marido era el técnico, y se conocían de años.

El pueblo los quería, porque eran una familia muy dada, era el kiosko de la plaza desde no sé, doscientos años. Era el mundo donde se hacía todo en el pueblo, desde fotocopias, llamadas, era el punto de encuentro de todos, las citas de amores eternos empezaban en ese kiosco.

Vieron que la casualidad es muchas veces víctima de mala fama. Cuando nos da sorpresa es buena, pero cuando trae desgracia todos la acusan de terca y despreciable, porque hasta el más piadoso le dice destino. En fin, la casualidad trajo por la copa Argentina a dos clubes importantes a la ciudad cerca del pueblo. Los pibes del club nunca habían visto "estrellas del fútbol" tan cerca.

Dije que iba a escribir rápido y me fui, perdón.

Era un fin de semana único, salieron campeones los pibes del Fomento y Social, contra los del Estudiantes del pueblo, picantisimo, pasó de un 3 a 0 en el primer tiempo, abajo, a un 4 a 3 trabado en el segundo. Marco hizo 3 de los 4. Pero la sorpresa fue enorme, no dejaron que los chicos asimilaran el campeonato y que los otros se hundieran en la derrota, Don Bernardo se apareció ahí con un micro. Se había puesto de acuerdo con el otro técnico que no importaba quién ganará todos se iban a ver el partido de las estrellas del fútbol argentino. Era el sueño de todos los pibes. Todos los pibes a ver juntos como pibes un partido de fútbol de verdad.

Y si como imaginan la alegría dura poco. En la curva que le decían "de los patos" el micro escolar se vuelca vaya uno a saber porque cosas de suceso imprevisto. Rueda sobre el pavimento hasta el barranco de la tosquera de los Arredondo y cae al agua.

Qué se yo la vida tiene eso, pasas de ser campeón o perdedor a la nada.

Marco fue el único que sobrevivió, nadie sabe porque. Algunos dicen que fue porque en el reventón salió despedido por una ventana antes de caer. Pero qué se yo, a veces la casualidad no es suerte.

Quedo ahí sólito viendo sin ver. Capaz su mente no comprendía a los 12 años que debía hacer o como. La ayuda llego dos horas después y era tarde. La tosquera de los Arredondo era de hacía años la promesa de cada año de elecciones, siempre se iba a cerrar, tapar, hasta correr la ruta de ahí... y ahora con más de 15 metros de aguas profundas y oscuras era una torpeza más dentro del pueblo.

Tomo aire porque las cosas se tragan diferente con el tiempo.

¿Viven en un pueblo? Bueno entonces sabes qué pasa con esas cosas que los mediocres llaman "cosas de la vida".

Marco quedó a la custodia de unos tíos medios lejanos, algo así como la sobrina de una prima que que se yo, ni me acuerdo. Una parejita joven, llevaban un año de casados, menos capaz. Así que de la nada pasaron a ser "padres” de un nene de 12 años, cuando ellos tendrían ponele 20 con toda la furia.

¿Vieron cómo son los pueblos? A si ya lo pregunte, es que tomo aire para disimular un poco.

Marco paso de ser el tema del pueblo, porque al principio lo miraban con tristeza, pero con el tiempo todos viraron al desdén, preguntas al aire que le llegaban al oído pero le apuntaban al corazón. Crueles y en sintonía con este pensamiento ¿porque sobrevivió él y no mi hijo? Se decían los otros padres de los fallecidos, y era el comentario general. Y vieron como es un pueblo capaz no tan chico, y como son con las tragedias. Uno del pueblo no puede escapar, es como los cohetes a la luna, la gravedad  de los sucesos  a veces es tan fuerte que nada que no tenga impulso suficiente puede salir de estas tierras.

Marco andaba de la escuela a la casa, era poco el apoyo porque se lo quería pero ya con distancia en el medio. El apellido en la lista medio que no se decía ya, la maestra de turno o preceptora se limitaba a mirar al lugar donde se suponía que estaba Marco, y estaba, pero no había nadie ahí adentro de Marco.

Los tíos-padres no tenían ni idea de administrar una casa, menos un kiosco.  Además por cosas del pueblo pocos compraban ahí. El otrora punto fijo del pueblo se trasladó a otros lados. Pero si le ponían mucho amor a Marco, el tío trato de salir a jugar a la pelota a esa plaza frente al kiosco con él. Pero las miradas de un mundo que se cayó hacia un año eran demasiado densas.

Marco se reclutó al sosiego del silencio y dejo el ruido de las plazas y se fue alejando de las personas. Nunca más quiso ver, vestir ni estar cerca de una pelota. Marco estaba pero ya no era.

¿Se preguntan dónde está la lección? ¡qué sé yo! En seguir viviendo a lo mejor. Prueben con eso, capaz aprenden a llevar como Marco un peso muerto de sí mismos y no el peso de sus muertos. Hablando con algunos docentes que se animaban a tal esfuerzo, él decía que no se sentía culpable por la muerte de sus padres, de sus amigos del club. Él se sentía arrastrando el legado de seguir viviendo. Se preguntaba ¿porque no me hundí con ellos? Se repetía en eco de las sin respuestas.

Básicamente en su mente el fútbol que era su esencia, era el culpable de su suerte. ¿y quién en el pueblo le llevaría la contraria?

Los pueblos tienen eso también, medio que te atan a su mala suerte, te atan a una tragedia a un punto del que no salís. Es como que te pintan en ese lienzo y ahí quedaste, sos parte de un cuadro que va a quedar así.

Para Marco así fue, no más banderas, ni clubes, ni papelitos. Se quedó así, gris, pálido por fuera y con bastante oscuridad adentro. Y ese era su cuadro.

Los años fueron un poco más benignos con la memoria colectiva que con la propia, así que como todo pasaron.

Yo en lo particular nunca entendí porque la pelota te hace tanto sentimiento. Porque en este país la pelota se pone tan cerca del corazón como papá, mamá, familia, dios, capaz el amor de alguna mujer, y una camiseta de colores, cualquier color. Porque son colores, aceptémoslo, ¡dejémonos de joder son colores! ¡Nada más! Si, si, esos que a veces te curan, te dan alegrías, amarguras, pasiones desenfrenadas y ansiedades profundas.. Así como papá, mamá, dios, la familia. Qué se yo, no sé, funciona así. Explicar eso es como querer huir del pasado. Coincidamos que no se puede.

Nuestro Marco estaba quedado en esa posición. Ya grande, bueno grande, unos 35 ponele, andaba de su casa al kiosco familiar qué refloto porque era la única fuente de ingresos ya que en el pueblo paso de ser el niño marcado por la tragedia a ser el adulto que nadie le daba trabajo, por la memoria impresa de esa tragedia. Ahora el kiosco estaba más apagado, solo las nuevas generaciones que no le daba pelota a la memoria colectiva asociada al destino de un pobre infeliz,  compraba alguna cosa al hombre raro que no sonríe. Y es que paso de un pueblo chico a un pueblo que había crecido y multiplicado casi por dos.

¿Contaron cuantas veces escribí casualidad? Por las dudas ahí va una más.

Ese año fue tan tan caluroso, que nadie podía estar afuera al medio día, no importa lo que tomaras de agua no importaba la sombra en la que encontraras refugio.

Y en la plaza a las tres de la tarde en pleno sol era estar con campera de corderoy en el infierno, que no existe pero que a los 40° se le acerca bastante a esa imagen en espiral de Dante.

El kiosko de Marco era un horno en la esquina de ese infierno, pero ahí estaba, estoico frente al clima.

Pero también es claro que él era serio por opción, y las opciones las había ocupado todas, porque lo era por elección propia, la adquirida por la mirada de los demás también la tenía, y por cosas de la vida misma. Como el calor de esos días, ya que solo el que tiene pileta, aire acondicionado en su trabajo, o ventilador para el solo en la siesta, puede ser feliz en un día así.

Me falto a la lista de gente feliz en verano más allá de la temperatura un ser especial, que en los pueblos o barrios suele ser visto, más que como alguien feliz más bien como un engendro del mal, un demonio aterrador que sale por las calles gritando. Es más, adorable en su casa, por padres y docentes, pero odiado en las calles a la hora de la siesta. Hablamos del pibe con una pelota, claro, nada más odiado que un niño de vacaciones con una pelota haciéndola rebotar contra portones de garajes y ochavas de esquina.

Uno nunca sabe porque este tipo de ángel puede jugar a la pelota con 50° a la sombra en el Sahara o con -50° en el sol de la Antártida. Y los que ahora dormimos siesta vemos como demonio es lo que éramos, por lo menos los varones y alguna chica capaz, lo que hacíamos en el barrio.

De los miles de porqué que tienen los pueblos ¿notaron que en verano los clubes solo hacen actividades de pileta el que tiene, o se hacen colonias? Pero las actividades en algunos se cierran hasta tipo marzo, y ahí quedan los chicos, huérfanos de la pelota y los campeonatos y entrenamientos, los padres quedan lejos de las discusiones de hinchada y las madres lejos de los turnos para lavar 20 camisetas y pantalones por semana.

 Pero… ¿Qué quedan? Si, queda abierto el cielo de las plazas, ese refugio terrenal parecido al Edén pero que se llena de chicos a eso de las tres de la tarde para formar equipos entre la selección del pueblo. Les envidio eso desde el tiempo que deje de hacerlo, poder entrar en ese cielo a cualquier hora, y solo elegir irse al grito divino de ¡a tomar la leche¡ de cada esquina de la plaza, donde mamá o papá gritaban y que uno como oveja respondía con otro grito ¡un gol más y voy¡ y no iba nada, porque pasaba con mucho atino hora y media más y estoy forzando todos los eufemismos.

Mencione el tremendo calor, insoportable. Nuestro Marco hizo lo que nunca, forzó su salida al primer árbol de la plaza desde donde viera esa ochava por si de casualidad algún ser humano quisiera romper la rutina y comprar algo en su kiosko. Probando la teoría de ver si era cierto que el viento existía como brisa para despegar la remera de la piel.

Y se encontró ahí, en el desafuero de su religioso silencio, contenido en el límite de la sombra que hace un sauce viejo, mirando la nada al principio. Pero el aburrimiento de las tres y monedas de la tarde, más la intensa nada que se había impuesto en su vida, era rutina. Pero salir del kiosko a tomar aire era todo un suceso, digno de mencionar. Porque es como el erase una vez de los cuentos de hadas, era el inicio de algo que hasta ahora era introducción.

A lo lejos, los pibes seguían en su procesión tras la pelota, santa descarga de energías y merecedora de plegarias para que entre dos palos, dos remeras, dos piedras, dos algo, entre unas distancias desparejas entre ellas, entre un balón del material que alcance para el sacrificio, porque a veces era de cuero otras de goma. Que sea gol por algún costado entre unos altares improvisados, postes imaginarios entre los que se sacrifica todo por ser reconocido por sus pares del equipo gritando ¡Goool!!!. Y los otros, ahí, ellos también oraban para ser escuchados en sus oraciones y que la pelota no entre y ser merecedores del perdón divino o posterior alivio de un empate por lo menos.

Marco en mas de 25 años ni los notaba al principio, claro al principio. Más que nada porque su mente capaz se negaba a la realidad. Pero la realidad tiene una forma de ser tan intensa que si no le das pelota, no la escuchas, se hace notar. Comienza siendo un mosquito que te zumba, después uno que te pica y después es el sopapo a la cara cuando te arde. Porque te arde que te pique. Y Marco no era ausente de esas cosas, y los empezó a ver.

Y si imaginan bien, porque la realidad es una verdad que te zumba, una que cuando te pica te sacude a sopapos hasta que se hace notar. Porque hasta Marco se vio sumido en la sorpresa de transportarse unos 25 metros por el aire tenso del verano hasta donde estaban. Y si, mas sorpresa fue notarlo lejos del que era su mundo. Un kiosko de esquina que le quedaba como a unos 50 metros de espacio sideral y frio.

Desde la distancia todavía recuerda su voz, mi hermano, según decía en las cenas de familia, con una calma acorde al clima, sus palabras.

-¡vos el de la remera verde! … cuando la vas a buscar párala antes del pique, porque sino te queda atrás. – dijo como si supiera que decía. Pero no quedo ahí.- Vos coloradito, cuando recibís, no la patees para descocerla, suave, con la planta del pie, levanta la vista y pensas que haces, si te viene el zurdo aquel de la camiseta de rojo, la gambeteas  o le das con el empeine por arriba… ¡chiquito, eh petiso! ¡Veni! – le dijo a otro- .. Encara más por la derecha, vos sos más atrevido y quédate sobre ese lado… -Y así. Así a todos un consejo de los que estaban.

No sé cómo es la muerte, no tengo idea cómo funciona la resurrección. Pero sé que Marco dejo el gris y para mí lejos de la distancia e instancias de lo divino, eso es resucitar.

¿Quieren saber que más fue de la vida de Marco? ¿Si? … Salió como pudo de su cueva, no había más piedra en la entrada, los colores le caían mejor que el gris de las vendas. Sabemos que escapaba del kiosko los martes, jueves y viernes por la tarde. Los sábados o los domingos había campeonato así que la esquina cerraba indistintamente, bajo un cartel que decía. Estamos entrenando. Estoy en el club.

En años que estamos en el pueblo, la esquina cerro toda una semana solo tres veces. El día que se casó con la mama del petiso, y el día que nació la mejor centro campista del mundo que ahora anda por España y viene todos los años a visitar a la familia. Y la semana que nació un modesto escritor de pavadas que cada tanto, entre vuelo y vuelo recuerda a la familia y que escribe desde una compu con fondo de pantalla con un Marco, abrazando a Mirta, adelante esta Damián, que no era Zkarsa natural, pero si fue natural que jugara a la pelota de forma atrevida y exquisita, que paso solo por tres clubes en su vida, el Social Fomento del pueblo, River Plate, y el Manchester, y de ahí a casa y dejar el campo de las canchas a tener campos cerca del pueblo, Lucia con la primer camiseta del Barça que le dieron, y este tipo que está volviendo a casa por otras cosas que extraña. La resurrección viene con las raíces fuertes parece, porque mama me dice siempre: - Veni a casa Pablo así le hablas a tu papa de lo que estas filmando y deja un poco el club, ya está viejo para entrenar a los pibes-

Si usted no puede escapar de su pasado y este lo alcanza, escríbalo, déjelo de regalo para el que sigue, asi no se pierde y de paso algo aprende. Pero si no puede y este le enseña cuando lo agarra, sea feliz con lo que le queda aprendido.

Pero si no aprende y se queda quieto, lo lamento. Va a ser como la tosquera de los Arredondo, que todavía está, como las promesas de alguna vez. Pero qué se yo, ese es otro cuento, no sé, de acá a doscientos años.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Estaba

Ten cuidado con lo que deseas.

Dia de lluvia