Otro perdido en la pared
De repente se sintió perdido, perplejo desde la mirada de su suerte, como en una optica desenfocada desde el infinito desanimo que lo consumia. Igual sabia que era un vacio que ya era mas vicio que la suma de sus ansiedades, al punto de no tener claro desde hacia unos días si era un desalmado sin nada o un desarmado con alma, no sabia siquiera si estaba completo o no.
Por ahora estaba, y no era poco.
¿Tienen la sensación que las horas no pasan, que no es otoño y las hojas en la oficina caen y caen? ¿Esa afición por compararse y ver que las carpetas en los otros escritorios se suman, pero en el del se multiplican?¿ esa cosa anaerobica de que el mundo va donde ustedes no desean y que los lleva gratis a través de cosas que no quieren? Bueno ahora lo entienden, encima estaban ellas.
Ellas no es que eran sumamente molestas, pero oh casualidad también estaban, y no era poco.
A media mañana cuando la mente se debate entre despertarse y estar levantado, las noto, eran nuevas en la oficina, desde que las vio las noto diferentes. Cuando salió de la oficina a tomar algo que fuera la levadura que lo levantara, que lo elevara un poco antes de darse cuenta que en esa oficina su suerte no cambiaria mientras el estuviera decidido a estar ahí. Pero viejas cuestiones como el alquiler, las cuentas, el amor a la rutina y otras tantas cosas lo mantenían ahí, y no era poco.
Miro de reojo a la mesa de las tostadas y medialunas, tentado quiso tomar una, una de ellas la tomo primero, no dijo nada. Exteriorizo una sonrisa, por dentro miro con odio la acción. Ella, la mas agraciada adivino en la mirada, cierto lenguaje de desprecio supongo, porque enseguida dio un par de vueltas. Nadie dijo nada.
Las horas seguían en su cadencia lenta y ya acostumbradas a la eternidad, así que el minuto todavía duraban 60 segundos, pero para el eran como 89, no se.
Dentro de las 11 y monedas, una de ellas fue intempestivamente a su cubículo, era la otra, la que en algún momento se dijo que era la mas rápida de la oficina. La vio con seño fruncido, era una cara de queja constante hacia ella, la nueva y la mas rápida. Empezó a tomar y tocar todo, la engrampadora paso a ser de ella, la calculadora, la letra ¡basta!!! Se grito mentalmente, miró con sonrisa clavada desde lo habitual de los lugares comunes de la oficina. En su mente le dijo adiós cuando toco su teléfono. Noto la mirada de desafío, no hizo nada por que hasta creyó que eso era una tonta muestra de sensualidad, la dejo. Ella se fue sin mas, ambos entendieron el juego de miradas, y eso no era poco.
Su mente puso limite a la farsa de la convivencia laboral cerca de las 13, hora de salir a tomar aire, pero su conciencia dijo no… quedamos en que un sacrificio de dos semanas de extras por una tele de 40 pulgadas por un mundial que es un gran no se, pero que a su ves es un Smart,. Así que si no ganamos el mundial será Netflix de por vida, hasta que la cuenta nos separe. Ellas mientras tanto si salieron pero no olvidaron ciertas complicidades, de esas que se graban en las pupilas.
Las tres volvieron casi juntas, la que no describimos creo que era la peor, era mas grandota que las otras dos, era la cabecilla de las tres, era la voz andante, si bien no se la notaba ágil era una verdadera lección de vuelo entre las mesas de los cubículos, su grandeza se notaba en las veces que iba entre los escritorios y el comedor.
Las odio desde ese viaje hasta la cocina, en la que veía como posaban sus bondades en todos, le pareció un asco moral esa clase de comportamiento, esa forma de andar, esa cosa de tener con todos algo, esa cosa de forma de ser tan inmoral, odiaba esas miradas cómplices desde su lugar, el de ellas mediando y rondando escritorios. Y el en su sector tan metódico y limpio, ellas tan ellas y el tan el mismo, tan lejos de todos y todo, y eso no era poco.
Exploto cerca de las 15, ya era a sus ojos abominable la situación, en su mente su accionar, le molestaba hasta el ruido que hacían, que compartieran el mismo clima de un mediocre aire acondicionado, hasta le daba escozor el hecho que respiraran el mismo aire, les era tan natural. Le molestaba que el mismo Dios creara seres tan indecibles cuyo único propósito era molestarlo a el.
En el bendito call center ya no les quedaba nadie en donde no hubieran estado, hasta que todas las miradas del día se redujeron en el único donde anduvieron las tres, si el. El, que por el accionar de ellas se quedo sin comer ni beber casi nada, por ellas mirara donde mirara tenia la sospecha que anduvieron, su mente proyectaba asco como si fuera un Superman que con la mirada pudiera matarlas, hacerlas olvido con un pestañeo láser.
Y llegaron, así como si nada, en medio de una llamada, pasaron, inundaron todo como una gran una ola de indiferencia hacia el. El que tanto las había odiado desde las 11, 11 y 20, mas o menos.
No dejaron la calma en paz, de pronto todo se lleno de hastió barbárico, una mano detrás de la otra para que no tocaran nada mas, la llamada fracaso por tanto movimiento que nublo su juicio y sus palabras se mezclaron entre epítetos a ellas y al sujeto del otro lado de la línea se lo confundió entre la desesperación y un “no mira, no me interesa” y el áspero sonido a eco telefónico después del clic de cortar.
Con la idea propia de molestar en la calma, se fueron al ver la tempestad de hojas y palabras que no salieron pero que si estaban, en su mente, asi como las intenciones, esas cosas cómplices que se quedan entre dientes. Ellas felices, en el, el deseo por primera vez matar.
Se resolvió a tomar acción, tomo una llamada mas, en el monitor salió la queja expresada en numero de su mala atención al publico del anterior hombre, atención mala=0….
Mentalmente y físicamente este cartelito del monitor fue lapidario. Moralmente fue el principio de la pendiente por donde caen las peores cosas a lo profundo de un corazón ya hastiado y ahora, encima, oscureciéndose ¿vieron cuando estamos cerca del vacío y tenemos miedo a caer? Así era, pero el ya no tenia miedo ni a la caida, ni a la sensación de no ver el fondo. Tenia disposición.
¡Listo! Se dijo en la mente, y vio a la primera salir para el ascensor, rápidamente tomo su saco y corrió tras ella, el plan estaba en marcha. Freno a otros que querían tomar su ascensor y estiro el brazo para frenarlos y decirles que estaba descompuesto, que iba al baño de abajo.
Quedaron a solas en el ascensor, la tomo por sorpresa y la enrosco con la manga de su pulóver, murió suavemente entre sus manos, yo diría que ni se sintió. Se abrió la puerta y miro a los lados como si nada, dio dos pasos hasta el cuartucho de la dependencia, la dejo entre las cosas de la limpieza, cerro la puerta y subió por las escaleras.
La segunda lo vio subir y encaro la situación, como sabiendo la suerte de su amiga, que sospecho algo desde que vio arrugada la manga del arma letal azul marino con el logo de la empresa en la espalda, lo siguió unos pasos y la persiguió hasta una de las esquinas, la tomo y la llevo hasta una ventana semi abierta, mientras caminaba velozmente con ella entre manos miro si alguien andaba paseando con su mirada y perdiendo el tiempo de la empresa. Nadie vio nada, Nadie vio cuando de la nada la ventana se abrió y la soltó desde el cuarto piso, nadie la vería entrar de nuevo.
La grande fue mas difícil, era voraz en su asco, y los planes se estrechaban en su margen de hora, las 16 era el tiempo limite.
Se sentó y mientras atendía unas llamadas mas miraba a su alrededor, no veía gente alarmada, ni curiosos en las ventanas, a 15 minutos de salir el plan era casi perfecto.
La mas grande salió de un cubículo, miraba entre los otros, claro se quedaba sin súbitos o esclavas serviles a sus propósitos inmundos. Pero estaba y zafaba por ahora, y eso no es poco.
Entendió que eran nuevas pero no eran estúpidas. Imagino la sospecha que ella tenia, pero siguió la simulación de su plan.
15:56, tomo como haciéndose el tonto la ultima, sus compañeros empezaban a tomar sus cosas y a casi irse, el nuevo turno entraría en pocos instantes. Pero claro apenas llegaban los del otro turno tomaban la cocina como si fueran hormigas que están dispuestas a devorar lo que queda de un pipnic.
Corto con una sonrisa su llamada, no salió bien, pero su comisura se movía por que su motivación era otra. Quedaba ella. Quería que el marcador quedara 3 a 0.
15:59:47… estaba dispuesto a tomar su teléfono, sus lápices y apagar las luces de su puesto. Levando la vista y la vio entrar a la cocina, el dudo pero estaba decidido a terminar con todo, no le importaba que lo hiciera en tiempo de descuento.
Entre todos los que entran y salen nadie noto que la mas grande de las tres murió de un solo golpe, reconozco que certero por su precisión pero lleno de suerte, ahí quedo sobre una silla con sus ojitos cerrados, no parecía muerta, eso ayudo, no se, parecía mas cansada que muerta.
16:12 el ascensor bajo con un culpable mas y creo que subió con algunos inocentes de recambio, repuestos para una batería de llamados de odiosos humanos que necesitamos atención al publico.
Nadie vio al culpable de estas muertes salir.
Nadie ve culpables cuando se vive en una sociedad que esta así tan acostumbrada y adormecida en su conciencia.
Claro tres moscas en miles de millones no afectan a nadie.
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